La delgada línea del fraude

12 06 2006

IllicitEs interesante el tema que abordas. Moisés Naím lo comentaba en Foreign Policy y ahora en su libro "Illicit". Examina los mercados ilegales de más volumen: narcóticos, armas, personas, falsificaciones y dinero. También observa los nuevos negocios de la economía ilícita: el comercio de órganos humanos, el de residuos industriales, el de especies en peligro de extinción, el de obras de arte y objetos arqueológicos robados. Por Rodrigo Ramírez Pino

Se pregunta, entre otros asuntos, sobre el impacto de la globalización en la piratería y en la falsificación, en todas sus fases de producción. Quizás, más detalle dedica a reflexionar de cómo es posible ver, desde Nueva York, Barcelona, París y Santiago, la misma manta en el suelo, al mismo tipo de persona comercializando (similar historias de vida) y todos vendiendo bolsos falsificados Louis Vuitton. ¿Es una casualidad?.
En el Paseo de Gracia de Barcelona, es posible ver -precisamente frente a la tienda glamorosa- vendedores callejeros, en su mayoría provenientes de Senegal y Nigera, vendiendo bolsos del modelo “Hudson” a 30 euros. El verdadero cuesta 1500 euros.¿Es coincidencia?
Lo cierto, tal como lo indica Naín, la falisficación y la piratería está cambiando el mundo. Ha habido una transformación, se abrieron las fronteras y con ello se les dió más poder “a quienes se dedican al comercio internacional de mercancías ilícitas -ya sean narcóticos, personas, armas o falsificaciones de artículos de lujo-”.
Si los traficantes ven crecer sus mercados y sus beneficios, se convierten en empresarios respetados. Existe una regla de oro -es posible verificarlo en la ex Unión Soviética con el negocio del petróleo- si el negocio va bien, te diversificas, politizas y legitimas. Naín dice “se diversifican en empresas que estén dentro de la ley para reducir el riesgo de que todos sus ingresos procedan de una sola actividad ilegal; segundo, gastan vastas sumas de dinero en obtener el apoyo y la protección de políticos y funcionarios, y, tercero, hacen grandes inversiones en empresas que podían mejorar su reputación, como iglesias, clubes deportivos, arte, obras sociales o medios de comunicación”.
Es decir, no estamos hablando de un solo tema, sino que de varios, y todos ellos complejos de enfrentar. Un tema es el derecho de autor, la reglamentación que protege la autoría, el copyright y el conjunto de normas y principios que deben regular los derechos morales y patrimoniales que la ley concede a los autores.
De cómo el Estado debe incorporar en sus prioridades los asuntos vinculados a la creación literaria, artística, científica; al consumo cultural y al desarrollo de la industria cultural. Contexto donde se ven implicadas las nuevas aplicaciones tecnológicas y los dispositivos recientes (Myspace, emule, limeware, bit torrent o kazaa; el Ipod, MP4, radio digital), los que vienen a construir un nuevo vínculo entre el autor y los usuarios.

Otro tema es cómo tomarse en serio la piratería. ¿Percibimos acaso la delgada línea que separa un negocio permitido de otro ilegítmo?. La piratería es la diversificación de un negocio ilícito mayor. ¿O el verdadero problema es el CD regrabado en Huérfanos con Estado?. Naín en su libro llama la atención sobre lo que denomina “la criminalización del interés nacional”. Para graficarlo cita el ejemplo de Vladimiro Montesinos, quien por una década fue jefe de la policía de seguridad de Perú, que colaboraba estrechamente con la CIA y la DEA y, al mismo tiempo, encabezó una gran red dedicada al tráfico de estupefacientes y armas y al blanqueo de dinero. También tuvo que haber copiado un par de CD de la Chabuca Limeña.

Los datos son contundentes. “El valor anual de las falsificaciones oscila entre 400.000 y 600.000 millones de dólares. La venta ilícita de armas representa otros 10.000 millones de dólares. El valor de las obras de arte robadas cada año asciende, según Interpol, a 3.000 millones de dólares. El lavado de dinero representa, según cálculos del FMI, entre 1 billón y 1,5 billones de dólares”.

El verdadero problema es el mismo de siempre: la diferencia de precios. Es más barato sacar coca de Bolivia; es más barato talar el Bosque del Amazonas; es más barato traer trabajadores de Africa; es más barato tener a niños haciendo pelotas de fútbol en Vietnam…

Para terminar. Dos asuntos que analiza Naín en su libro. “Los agujeros negros geopolíticos”, aquellos sitios donde las leyes pierden validez, lugares en los que las redes de tráfico ilícito viven y prosperan, espacios donde varias autoridades ejercen el control de un mismo territorio. En esas áreas los traficantes de mercancías ilícitas, conectados a grandes redes internacionales, desempeñan un papel crucial en los asuntos económicos, políticos y militares. Cita algunas zonas de Colombia, Rusia, Afganistán, México, Laos y numerosos lugares de África y Asia. De cómo “las selvas colombianas pueden ser remotas e inaccesibles, pero su producción de cocaína llega a las calles de Miami en cuestión de días”. O cómo “en Afganistán, las redes de tráfico de opiaceos se las arreglan para distribuir la droga en las calles de Londres o de París en 48 horas”.

La pregunta es si en países como el nuestro existe la suficiente capacidad cívica y estatal para contrarrestarlas. Propone “desfragmentar” y “desahogar” los gobiernos. Es decir, crear una sola autoridad que se encargue de luchar contra las drogas, la piratería, la falsificación, el contrabando, entre otras. Además, despenalizar algunas de esas actividades ilícitas; en vez de prohibirlas, reglamentarlas. “Eliminar la prohibición de la marihuana o buscar formas más realistas y honradas de tratar a los trabajadores extranjeros”. Ya sería hora.

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